Recuerdos de Graciela

Graciela Salgado - Fotografia Documental
Conservo en mi memoria el límpido recuerdo de la última noche del Festival de Tambores de Palenque del 2012, fue una noche color caoba, de esas indecisas que no terminan por oscurecerse plenamente. Había en el aire un sabor a tierra mojada que se entreveraba con los murmullos y el afinar de los tambores de Las Alegres Ambulancias. El público, en su mayoría palenqueros, se extendía en una apelmazada marea humana, que desde el pie del escenario atravesaba la calle frente al viejo y conocido quiosco “La Fuente” e inundaba las terrazas hasta salirse por la ventanas de las casitas de colores y veteado de barro, que bordean la plaza principal.

Aunque al festival asisten personas de muchos países  ─Me he encontrado allí con Franceses, Españoles, Italianos, Argentinos, Canadienses, Chilenos y uno que otro Colombiano ─  sí hay algo que admiro de los palenqueros es que sean ellos los primeros en valorar las expresiones culturales de su pueblo, que sí bien forman parte de su vida cotidiana, en ocasión del festival se visten de gala y no desaprovechan la oportunidad de estar ahí para presenciarlo y sobre todo para disfrutarlo.

De repente Graciela asoma por la escalera del escenario apoyada en hombros, el bastón en la mano y con ese paso tembleque pero firme que se la había visto en los últimos años en los que notablemente se había venido a menos su salud. Con la terquedad convertida en carácter pero sin perder esa mirada apacible, que sólo se alcanza con la vejez, llegó hasta el centro del escenario y apoyada en sus hijas Teresita y “La Burgo” se sentó en silencio.

La mayoría de los presentes habríamos comprendido si sólo decidía saludarnos y quedarse allí sentada presenciando su homenaje; homenaje que afortunadamente le hicieron en vida, en su pueblo y con su gente. Y cuando digo “afortunadamente” no lo digo por Graciela, aunque sé que se fue a casa con el corazón lleno, lo digo por nosotros, los que la vimos en escena esa noche; porque nunca podremos olvidar la expresión viva del folclor palenquero poniéndose de pie, como si la voz le subiera de los pies y en un impulso casi eléctrico la mantuviera erguida. Nunca podremos olvidar a esa mujer que se aferró a su música y sus tradiciones como Benkos Biohó se aferró a su libertad.
Fotografia Documental Palenque

Graciela, dos años después de tu muerte he llegado a la conclusión de que te fuiste faltando un mes para el festival, por el simple hecho de que no soportarías un festival de tambores en palenque sin subirte al escenario, un festival donde tu único protagonismo fuera recibir a los turistas, que acalorados y con las mejillas coloradas, llegaban a palenque buscando un vaso de agua y preguntando: ¿Donde vive Graciela Salgado? Te fuiste con la certeza de que en adelante esa pregunta sería más fácil de contestar: Graciela vive en Tomasito, en Teresa, en “La Burgo”, en Zhambyck, en Cesar, en Hernán, en Benicio, en Gerlin, en Brenda, en “Lamparita”, en “Charu”, en Justo, en todos y cada uno de los palenqueros, en Chopacho, en Tromcona, y en adelante y para siempre en su música, en Las Alegres Ambulancias.

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